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A Juan Antonio Lacomba. Cuatro años después de su fallecimiento.

Escribir sobre un intelectual, investigador e historiador de la altura de quien es Patrono de la Fundación Blas Infante desde su creación, Juan Antonio Lacomba, supone un reto. Es fácil cometer un error u olvido, porque su producción científica es muchísima, así como los escenarios de su vida, los ámbitos y temas abordados, y el gran número de libros y artículos para la Historia de Andalucía. A modo de recuerdo, cuatro años después de su fallecimiento, el intento es muy necesario y merecido.

Juan Antonio nace en Chella, provincia de Valencia, en 1938. En 1961, consigue su licenciatura en Filosofía y Letras y se doctora en Historia por la Universidad de Valencia en 1967, ciudad donde inicia su andadura como profesor de secundaria y también como docente universitario colaborador.

Su Tesis Doctoral profundiza sobre la crisis española de 1917, un trabajo que el franquismo censura en un primer momento, aunque años más tarde consigue ver la luz. Posteriormente, trabaja en Institutos de Pontevedra y Béjar, provincia de Salamanca. Un año después de lograr su cátedra de enseñanza secundaria, en 1966, pide su traslado a Málaga. Primero consigue plaza en el Instituto de Vélez-Málaga y, posteriormente, se traslada a la capital malacitana, para ejercer como docente del Instituto Nuestra Señora de la Victoria, en el Paseo de los Martiricos. Una década después, llega a ser su Director.

En los setenta, se incorpora a la docencia universitaria. En 1970, como profesor adjunto del Colegio Universitario y, en 1979, toma posesión de la cátedra en Historia de la Economía, en la Escuela Universitaria de Empresariales de la Universidad de Málaga.

Cinco aspectos relevantes de su vida y obra.

Más allá de sus datos puramente biográficos, es momento también de hacer un sencillo, inicial y breve análisis de lo que supone para Andalucía la vida y obra de este intelectual del andalucismo. Para ello, abordaremos sus orígenes familiares y su formación, la promoción de diversas iniciativas y organizaciones, la investigación del andalucismo histórico, sus experiencias en política, y su trabajo como historiador y docente.

En primer lugar, recibe una sólida formación en el seno de su familia. Su entorno más próximo se convierte en el espacio donde aprende y lee de todo, que propicia el estudio y el amor por la Historia. Por otro lado, en su casa valenciana, Juan Antonio Lacomba conoce a Manuel Ballesteros, catedrático de Historia de la Universidad de Valencia y de la Complutense, amigo de su padre. Es este universitario quien le aficiona a las lecturas históricas.

Su padre, Juan Lacomba Guillot, es un “maestro de la República”. Nace en el Cabanyal (Valencia), colabora en varios periódicos, estudia Magisterio y se inicia en la Pintura y en la Literatura. En 1928, se traslada a Galicia donde trabaja en una escuela rural. Poeta de renombre, trabaja en Chella desde 1932 a 1939, donde comienza a aplicar las teorías pedagógicas de la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos. Un año antes de salir del pueblo, tuvo a su hijo Juan Antonio. Hoy un colegio público en Chella lleva su nombre: Juan Lacomba Guillot, situado en la Avenida de la Constitución.

Su padre pertenece a la generación de docentes renovadores republicanos ante el fracaso del sistema educativo español y, para ello, buscan y ponen en práctica nuevas metodologías más allá de los métodos tradicionales. Son los protagonistas del intento por conseguir los ideales republicanos de escuela única, libertad de cátedra, y escuela laica.

Lacomba, en segundo término, está en los orígenes de muchas instituciones e iniciativas. Expongamos algunos momentos de su vida, cuando forma parte del elenco de los iniciadores o promotores de proyectos ejecutados.

Por ejemplo, como ya hemos mencionado, cuando llega a la capital malagueña, lo hace integrándose en la plantilla del recién creado Instituto Nuestra Señora de la Victoria, en el barrio de Martiricos. En 1966, ese instituto representa la ampliación del histórico Instituto de Gaona y hasta allí se lleva la sección masculina y el material pedagógico usado en el centro: biblioteca, archivo, las colecciones de objetos científicos dedicados a la enseñanza, los gabinetes… El nuevo edificio lo inaugura Franco tan solo cinco años antes, en abril de 1961. Una obra arquitectónica de Miguel Fisac Serna considerada de las más vanguardistas en lo que a construcciones escolares se refiere. Ese edificio innovador, consigue albergar un grupo de docentes afines a la reforma de la enseñanza secundaria. Son años próximos a la Ley General de Educación (Ley Villar Palasí) de 1970. Momentos de una tímida modernización de un sistema educativo inserto en un régimen dictatorial.

También Lacomba forma parte de la Historia de los inicios de la Universidad de Málaga. Llega a una ciudad que está pidiendo su centro de enseñanzas superiores y que se consigue en 1972. Una capital donde la formación universitaria se convierte en un objetivo para fortalecer el incipiente desarrollo económico. Juan Antonio se incorpora como docente a tiempo parcial de la Facultad de Ciencias Políticas, Económicas y Empresariales. Un centro que comienza a dar clases el 10 de octubre de 1965. En 1979 obtiene su plaza como Catedrático en la Escuela Universitaria de Empresariales. Pero también encontramos a nuestro profesor en la lista de socios fundadores del Ateneo de Málaga. Es su Presidente entre 1981 y 1983 y también Presidente de Honor, desde mayo de 2016, en sustitución del emérito Juan Carlos I. Una institución crítica, progresista, que tiene problemas para su legalización y desarrollo en la malacitana plaza del Obispo. Fernando Arcas Cubero resume muy bien la labor de Juan Antonio: “Gracias a Lacomba, en los 70, por el Ateneo de Málaga, pasó lo mejor de la historia, la sociología y la política española de esos momentos (…) Lacomba fue pionero al traer a España del exilio al historiador Manuel Tuñón de Lara para ofrecer una conferencia en Málaga, la primera que pronunció en España”. Al Ateneo también vienen desde Gil Robles, hasta Tamames, pasando por Enrique Tierno Galván.

De aquella época quedan numerosas muestras documentales de que el franquismo vigila al Ateneo. Un informe del Servicio de Información escribe, según la revista Nuevo Siglo (nº22): “Por los anuncios o títulos de las conferencias o disertaciones no se puede formar juicio de cómo pueden ser éstas en cuanto a intencionalidad, pero es el caso que con mucha frecuencia los conferenciantes se pasan de rosca, y su intervención es más bien que una ilustración cultural o científica, una irónica y refinada crítica de la situación política nacional”.

También “La Vanguardia” del 12 de junio de 1975, refiere la noticia de la suspensión gubernativa de la conferencia de Gil Robles sobre la Segunda República, en el marco del ciclo organizado por Lacomba sobre “Aspectos de la Historia social de España en el siglo XX”.

Y, por último, es Presidente fundacional de Andalucía Ahora. El 4 de diciembre de 1989 se crea esta asociación donde se encuentran Manolo Sanlúcar, Salvador Távora, Calixto Sánchez, Naranjito de Triana, Joaquín Ruiz Postigo, José Manuel Millán Chivite, entre otros, “cercanos al partido andalucista”, según el ABC 5 de diciembre de 1989. Este colectivo, según se dice ese día, defiende la defensa del habla andaluza, así como del patrimonio histórico y cultural de Andalucía.

Es precursor de los estudios sobre el andalucismo histórico. Tenemos datadas varias fechas que demuestran su interés por la investigación sobre la figura de Blas Infante. Por ejemplo, encontramos una primera conferencia el 17 de diciembre de 1974, en el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Sevilla con el título “en torno al regionalismo andaluz”, como continuación del libro de Nicolás Salas, “los 7 círculos viciosos del subdesarrollo”. Cuenta la historia de andalucismo y el carácter solidario del regionalismo andaluz.

Hallamos otra conferencia sobre los “orígenes históricos del regionalismo andaluz” el 2 de abril de 1976, en la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales de Jerez, enmarcada en un ciclo de conferencias sobre el Regionalismo Andaluz. Le presenta Juan Collado Casal y habla del regionalismo decimonónico, del Ideal Andaluz, Blas Infante, las Asambleas de 1918, 1933, del Manifiesto de 1919, entre otros asuntos. En el mismo ciclo, intervienen, días más tarde, Luis Uruñuela, Nicolás Salas y Ortiz de Lanzagorta. Con posterioridad, localizamos otras conferencias en Sevilla en marzo de 1976… Esos son los inicios de una larguísima, prolija y profunda vinculación con el estudio de la vida y obra del líder andalucista. Por ello, no debe extrañar que se contara con él para constituir la Fundación Blas Infante. Un lugar que ocupa hasta su fallecimiento de forma muy activa y constante.

Sus inquietudes y su afán por cambiar la Andalucía en la que se integra le llevan a tener varias experiencias políticas, cortas en el tiempo, pero intensas.

Por un lado, el Presidente andaluz, Rafael Escudero, lo nombra Director General de Patrimonio Cultural con el primer gobierno surgido tras las primeras elecciones andaluzas en mayo de 1982, siendo Consejero de Cultura Rafael Román Guerrero. Durante esos años, lucha por la gestión de la cesión de la gestión de la Alhambra a la recién nacida Junta. “Tenía que demostrar que no sólo teorizaba, sino que actuaba”, dice en una entrevista con La Opinión de Málaga, en 2011. Crea el Instituto de Cultura Andaluza, en octubre de 1982, con la finalidad de llevar a cabo “la investigación, estudio y difusión en sus respectivos ámbitos y la articulación en cada uno de ellos de los sectores específicos de trabajo que propongan y desarrollen líneas, temas y métodos sobre los distintos aspectos de la cultura andaluza y su proyección, especialmente en las áreas geográficas con las que Andalucía posee particulares vínculos culturales o históricos”. Abandona el cargo a corto plazo porque “la política era una profesión que ocupaba las 24 horas del día”.

Pero su vinculación con la Política no se queda aquí. En enero de 1977, se celebra una reunión de personas andaluzas independientes y líderes del entonces Partido Socialista de Andalucía: Alejandro Rojas Marcos, Luis Uruñuela y Miguel Angel Arredonda. Además, de Lacomba, como independiente, aparecen Plácido Fernández Viagas, José María Javierre, Alfonso de Cossío, José Ramón Moreno. Todos deciden “promover un llamamiento sobre la necesidad de un bloque unitario de las fuerzas políticas democráticas andaluzas en las próximas elecciones para la defensa de los intereses de Andalucía”.

Finalmente, Lacomba se presenta como candidato a diputados en Cortes por Málaga y por el Partido Andalucista, en las elecciones generales de 1989. El PA obtiene dos diputados, (Rojas Marcos, por Sevilla y Antonio Moreno, por Cádiz) y Juan Antonio consigue casi 27.000 votos en su provincia, quedando por detrás de las candidaturas de tan conocidos diputados como Carlos Sanjuán, Celia Villalobos o Antonio Romero. En la campaña electoral, con motivo del “secuestro de los guiñoles” y la detención de Luis Recuerda, dirigente del PA, en la calle Larios, tenemos un ejemplo del Lacomba herido en su libertad de expresión. La Vanguardia de 18 de octubre de 1989, en su página 20, recoge sus declaraciones con respecto al suceso, en las cuales muestra su “indignación por unos hechos que no hacía ni el franquismo”.

Todo este currículum encuentra un denominador común: su constante inquietud por ser un historiador y docente honesto y excelente profesional, con Andalucía como marco de referencia imprescindible. Lacomba ejerce como andaluz y como investigador histórico. Es el primero, como titula uno de sus artículos, que escribe sobre la Historia de Andalucía y no sobre la Historia en Andalucía. Y, para ello, sienta cátedra desde los años setenta con numerosísimos trabajos sobre un territorio que siente como suyo. Así, ya lo encontramos como ponente del primer Congreso de Historia de Andalucía, miembro fundacional del Seminario de Historia de Andalucía en mayo de 1981 y presidido por Antonio Domínguez Ortiz, coautor de la primera Gran Enciclopedia de Andalucía, en 1979 … Su libro “Aproximación a la historia de Andalucía”, a juicio de Fernando Arcas, representa la primera síntesis de historia andaluza moderna: “El primer libro andaluz de nuestro tiempo se debe a Lacomba”. En total, según la base de datos Dialnet, entre 1963 y 2016 escribe 86 artículos, 32 obras colectivas y 11 libros. Unas cifras a las que hay que añadir, por ejemplo, numerosísimas aportaciones a los Congresos sobre el Andalucismo Histórico de la Fundación Blas Infante.

Innovador en sus clases, buscando, más allá de la lección magistral, el aprendizaje real, significativo entre sus alumnos, de quienes se han publicado algunos testimonios: para el Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Málaga, Eugenio José Luque Domínguez, “fue un vanguardista y un innovador en sus clases, trabajador constante y minucioso que creó escuela, con discípulos por toda España”. Según Luque, Lacomba, recibe la Insignia de Honor de la Facultad en 2009, en reconocimiento a su labor profesional, dedicación, talento y legado, y encarna la figura del ‘Maestro’ en el sentido más noble de la palabra. Según Arcas “Fue el maestro de los historiadores malagueños, a la vez que una persona e intelectual de referencia. Trajo la historiografía europea a la Universidad de Málaga”.

Lacomba se define como andaluz “de voluntad” y no encuentra mejor manera de serlo que trabajando por la sociedad que lo acoge. La frase perfila al personaje: un andaluz nacido en Valencia que rinde el mejor servicio a su tierra elegida: “Como soy mediterráneo, me quedé aquí”, afirma. Lacomba, andaluz porque quiso, tiene claro que la única manera de serlo era trabajar. Su hija Beatriz dice que “Si quería ser andaluz, sabía que entre sus deberes estaba conocer su historia”.

Para terminar, un mensaje para los andaluces del futuro pronunciado en el programa televisivo de Canal Sur, “Tesis”:

“Primero: Tomar conciencia de ser andaluz. Que no sólo se sienta andaluz, porque los andaluces siempre se han sentido andaluces. Eso significa que tengan conciencia de que forman parte de una Historia, de una Geografía de una sociedad, de una Cultura. Segundo: Que se educaran. Que aprovechen su paso por la primaria, secundaria o la universidad. Porque eso es lo fundamental para que una sociedad pueda ir hacia adelante. Que ampliaran sus conocimientos al máximo. Y Tercero: que su participación en la vida andaluza fuera pensando en los andaluces. Por decirlo en una frase, que su esfuerzo fuese dirigido al bien de la Comunidad.”

 

Manuel Hijano del Río.

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